La ruta del destino VI

Y cuando todos estábamos dormidos
se rompió el silencio,
apareció de nuevo
ese terrible lamento.
Inquieta por lo que sucedía
me acerque a su puerta ,
ante su  congoja .
La reconforte  en mis brazos,
para que sus ojos abriera
tranquilizándola
durmiendo  a su vera.
Hasta que se hiciese de día,

Mi pequeña princesa.


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